Julio García Llopis

Los argumentos de una novela surgen a veces de la forma más inesperada. Fui víctima de un intento de estafa por Internet relacionada con un inmueble que pretendía poner en venta, y de esa experiencia surgió una idea interesante. Me documenté sobre los llamados “timos nigerianos”, que abarcan desde las estafas inmobiliarias a los señuelos de “la huérfana millonaria”, “el buen sacerdote”, “el enfermo terminal” o “los depósitos bancarios falsos”, y, poco a poco, fue naciendo el personaje de Robert Bouaké, alias Mémé, un pilluelo que medra en uno de los peores barrios de Abiyán, la capital de Costa de Marfil, dedicándose, junto a su amigo Laurent, a realizar pequeños hurtos con que sufragar sus vicios.

Con el tiempo, los hurtos dan paso a pequeñas estafas y a la caza de incautos en la red hasta que, perseguido por la policía, Mémé se ve obligado a escapar en un barco de carga que recala en Barcelona.

Conozco bien Barcelona, y siempre me han fascinado los personajes que pululan en ese peculiar entorno que va desde la Plaza de Catalunya a Colón; sujetos, muchos de ellos inmigrantes, cuyo único objetivo es sobrevivir: prostitutas, descuideros, mendigos, estatuas de carne, pequeños traficantes de droga…Describí pues ese ambiente en el que empezaba a moverse el personaje, añadiendo detalles de ficción que ayudaban a componer el decorado en el que discurría.

Jacques de Meral, uno de los ganchos que Robert utilizaba en sus timos, tomó de improviso una fuerza inusitada, convirtiéndose pronto en su “alter ego”. Ambos se situaban en polos opuestos: Robert, alias “Mémé”, era negro, manco, y vivía del engaño y la ingenuidad de los ´navegantes` de la Red; Jacques de Meral era blanco, apuesto, rico y amante de las aventuras arriesgadas, aunque, como a Robert, le faltaba el brazo izquierdo. Me fascinó esa dicotomía y traté de establecer un paralelismo que se hace patente en los personajes femeninos de Charlotte, el primer amor de Robert, y Charlotte, la bella esposa de Jacques, y en Rania, la negra de los ojos violeta que encandila a Robert y Macarena, la gitana de ojos violeta que cautiva a Jacques.

Las líneas paralelas nunca se encuentran, pero la ficción todopoderosa es capaz de conseguirlo. Un final sorprendente acabará por unir a los dos personajes en una orgía de sangre, muerte y destrucción.

Pretendí también levantar el velo de una historia poco contada o mal contada ocurrida recientemente en Costa de Marfil, cuando el presidente Gbagbo fue obligado a abandonar el poder, ocupando su lugar Alassane Ouattara. Los intereses económicos relacionados con el cacao, los diamantes y los yacimientos petrolíferos recién descubiertos se encontraban en el núcleo de un conflicto iniciado en el año 2002, cuando una tentativa de golpe de estado, coincidente con la política del Ejecutivo francés de Jacques Chirac de “nuevo intervencionismo en el continente africano” puso en riesgo la estabilidad de aquel país. Lo ocurrido posteriormente en Libia, Sudán o Mali no es sino la continuación de aquellos tristes y oscuros episodios.

En ese aspecto, “La vida oculta” contiene elementos de la denominada “novela de política-ficción” que tan magistralmente han cultivado escritores como Dominique Lapierre y Larry Collins.

Firmado: Julio García Llopis

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