Efemérides prescritas y proscritas

Este ha sido el año Dickens por antonomasia. Nuevas ediciones, reediciones y adaptaciones de sus obras han llenado las librerías; estanterías, escaparates, numerosas reseñas, artículos en revistas literarias, suplementos culturales dedicados a él. ¿Por qué? Después de casi doce meses de balance, la respuesta parece estar más cerca de lo anecdótico y lo comercial que del valor literario y el legado cultural que, en teoría, se honora.

Sí, Charles John Huffam Dickens nació en Porstsmouth, una ciudad en la costa del sur de Inglaterra un 7 de febrero de hace exactamente la friolera de 200 años. Sí, hemos leído hasta la saciedad la palabra bicentenario, pero me pregunto si esa coincidencia cronológica hace más valiosa su obra y si el año que viene, cuando se cumplan los 201 un años de su nacimiento, vamos a ver el mismo número de buenos títulos editados. Esa es la excusa y el pretexto para aquellos que conciben la cultura como un plato precocinado pero, paradójicamente,  ese es también el beneficio para la literatura y los paladares exigentes.

VENTA SEGURA

Por un lado, legitimados por la pátina dorada de la venta segura con la que esa exactitud matemática parecía impregnar la obra de Dickens, algunas editoriales la han publicado pronto y mal, contribuyendo de paso a un ya saturado mercado editorial: traducciones, adaptaciones, ilustraciones y formatos de baja calidad, separación de una obra unitaria y multiplicación de ediciones inconexas. Flaco favor, en definitiva, a la excelencia literaria por la que supuestamente se publican…

Por otro, por suerte, ese renovado interés por Dickens, da lugar también a una revisitación de su obra con más criterio, o con más criterios al menos. Desde hace unos meses, podemos encontrar en las librerías obras brillantes como Casa desolada, fuera de circulación desde hacía años. Si ya has leído a Dickens, es muy recomendable; si aún no lo has hecho, aún más. Estamos ante su obra capital; todo lo escrito con anterioridad confluye estilística, temática y formalmente en ella; dejará su huella, en esos mismos niveles, en sus obras posteriores. En ella resuenan la voz de David Copperfield, el susurro Oliver Twist, sopla el aire de Tiempos Difíciles, el aroma desconocido de Calle sin Salida – escrita en colaboración con el espléndido precursor de la novela policial (léase La piedra lunar) Wilkie Collins-, el bullicio de Nuestro amigo común…

DICKENS NO SERÁ TRENDING TOPIC

El año que viene Dickens no será trending topic literario y no nos avallasarán con artículos, biografías, malas ediciones, pero también veremos como poco a poco esos títulos menos conocidos, no por ello menos valiosos (La Señora Lirriper, La tienda de antigüedades o La declaración de George Silverman), desaparecerán de los planes editoriales hasta, quién sabe, el bicentenario de su muerte en el año 2070.

Nadie discute el valor de la herencia literaria de Dickens. Un legado que ha trascendido las barreras de la literatura hasta formar parte de nuestro imaginario colectivo. Lo discutible es el criterio por el cual se conmemoran hasta la deformación a algunos autores y, aún cumpliendo el requisito de la exactitud o coincidencia cronológica, se obvia y se deja en la sombra a otros autores menos conocidos, a priori también menos comerciales pero, en cualquier caso,  representantes de la mejor literatura.

AUGUST STRINDBERG, HEROE MODERNO

Es el caso del héroe moderno de las letras suecas, August Strindberg, de quien se conmemora el centenario de su muerte y cuyos cuentos, por suerte, acaban de ser reeditados. Poeta, dramaturgo, pintor, iniciador del teatro moderno europeo, impulsor del surrealismo, sus narraciones más intimistas son un particular y arrebatado haiku a la sueca;  se impregnan de estos diferentes modos de emboscarse en el mundo y en su mundo–poesía, dramaturgia, pintura- y de expresarlo, conformando siempre bellas polifonías textuales, incluso -aunque en otro orden estético- en sus narraciones más descarnadas, convulsas, realistas y biográficas como la saga de Infierno ( (Infierno, Leyendas y Jacob lucha), Alegato de un loco, o la que sería su última novela, Banderas negras.

LA LISTA CONTINÚA

Pese a los grandes fastos celebrados en Suecia en honor de Strindberg, ni los medios culturales de nuestro país, ni las editoriales, le han prestado la atención y la exposición –la monstratio-  que se merece. Por seguir engrosando la lista –y las sincronías literarias-, este año se cumple también el centenario de la muerte del creador de Drácula, Bram Stoker. Y es también el 50 aniversario de la muerte de Herman Hesse…  si es por exactitudes matemáticas, aun respetando el nivel de excelencia del canon literario más aceptado – leáse –  la lista continúa: Stefan Zweig, Edgar Rice Burroughs, Victor Hugo, Jack Kerouac…

Sin embargo, pese a que como en estos tres casos los autores estén más que consagrados, canonizados y prescritos en el canon cultural occidental, tampoco asistimos a ese interés por parte de las editoriales o los medios. No se trata de una suerte de moralidad imbricada en el criterio editorial que los excluye, es decir, a todas luces parece más lógico celebrar el aniversario de un nacimiento que de una muerte… ¿Será entonces  que las matemáticas tampoco son objetivas? ¿Que algunas exactitudes matemáticas son más valiosas, o que interesan más que otras en función de su proximidad a la ansiada categoría comercial de “para todos los públicos” como es el caso de Dickens o de Tolkien?

DE CINE

La última moda en efemérides literarias es el salto a la pantalla de una obra, novela en la práctica totalidad de las ocasiones. Y, del mismo modo, el criterio hegemónico, unívoco, ensalza a unos autores, muchas veces  menos valiosos, en detrimento de la calidad literaria y cultural de otros a priori menos comerciales.

Como decía Oscar Wilde, cualquiera puede hacer historia, pero solo los grandes hombres pueden escribirla.

 

Imagen | zachstern

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