Luis Rodríguez Rivera

Foto: Luis Rodríguez

Los que tengan menos de cuarenta es probable que no hayan tenido la suerte de conocer al Dr. Jiménez del Oso. Aquí os dejo un enlace en el que el doctor elucubra sobre la posibilidad de que la Luna esté hueca, para que lo vayáis conociendo. Entre 1976 y 1982 escribió, dirigió y presentó un programa  llamado Más Allá que abordaba temas como el fenómeno ovni, los fantasmas, las civilizaciones extraterrestres… justo lo que necesitaba un niño de imaginación calenturienta, como era mi caso, para pasarse muchas noches en vela esperando el paso de la santa compaña o tumbado en la terraza con los prismáticos de mi padre escrutando las estrellas en busca de la nave espacial que me abduciría, librándome así de todos mis suspensos y de los desplantes de mi compañera de pupitre. Sus programas de los domingos por la tarde, que yo devoraba en la soledad del salón de la vieja casa de mis abuelos, son de los mejores recuerdos de mi infancia (sí, me podéis llamar rarito).

El doctor creaba en su espacio un clima propicio a la incertidumbre. Sus programas eran pura narrativa, con una presentación, un nudo, un desenlace y con un manejo del ritmo magistral. Recuerdo que el Dr. Jiménez de Oso, en mitad de una historia, se detenía para encender con parsimonia un cigarrillo mientras sus fieles aguardábamos con la boca abierta la explicación para aquellas voces de ultratumba registradas en un palacete del siglo XVIII. Luego, con una calma exasperante, expulsaba una bocanada de humo que lo envolvía en una neblina mefistotélica, y le quitaba importancia al suceso hablando de interferencias, suciedad acústica… (interferencias… ¡ja!, voces del más allá puras y duras, pensábamos todos).

La dedicatoria de EL INCIERTO estaba clara. Uno de mis objetivos cuanto empecé a trabajar en su trama era lograr trasladar ese clima que el Dr. Jiménez del Oso creaba con maestría en su programa a una novela que iba fusionar los géneros de aventuras, el triller y la ciencia ficción. No sé si finalmente lo he logrado, pero los lectores que tuvieran la suerte de ver alguno de sus programas se reconocerán en el protagonista, quien, a medida que avanza la novela, igual que nos sucedía a los fieles del doctor, va pasando del escepticismo a la incertidumbre.

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