Ley del libro

A pesar de que el sector del libro está regularizado en nuestro país por diversas leyes desde la Transición, todavía existe entre la población un gran desconocimiento acerca del marco legal que rige este sector económico-cultural. Si a esto le añadimos la creciente globalización de los mercados y la consolidación progresiva de la venta online a través de grandes plataformas, es normal que empiecen a surgir entre los consumidores confusiones de todo tipo y leyendas urbanas cada vez más difundidas. ¿Qué vendedor no ha escuchado en una librería aquello de «en Amazon lo tienen más barato»? Otros clásicos que nos encontramos los vendedores van desde la demanda de descuentos mayores –legalmente imposibles de realizar- a la pregunta de por qué los libros llevan impreso el precio en la contraportada, una queja persistente cuando el libro es un regalo. Este desconocimiento, en ocasiones del consumidor y en otras del vendedor, nos lleva a preguntarnos cómo funciona el mundo del libro. Nuestra función como libreros y nuestro trato diario con el cliente nos obliga a conocer la normativa que regula aquello que vendemos y a ilustrar y orientar al consumidor, de manera que no se guíe por «lo que se dice», sino por lo que demanda la ley.

Lo primero que hemos de tener claro es que un libro no puede contemplarse como simple mercancía. Su valor como depósito de conocimiento humano y vehículo de transmisión de cultura lo convierten en un producto diferente y especial, al que se le deben aplicar leyes específicas y singulares. Bien vale decir eso de «un libro es algo más que un libro».

La ley del precio fijo

El hecho de que en el libro prevalezca su valor como bien cultural por encima del bien económico es lo que llevó a diferentes países europeos a establecer un marco normativo específico para los libros. La principal característica de este régimen especial, además del I.V.A. reducido (4 %), es el establecimiento del precio fijo para este tipo de bienes. Y, ¿qué es eso del precio fijo? En pocas palabras, es la especificación por parte del fabricante –el editor- de un precio por debajo del cual los vendedores –las tiendas- no pueden vender el producto. De este modo, se facilita la accesibilidad a la cultura, lo cual en nuestro país constituye un derecho constitucional. El precio fijo permite proteger al mundo del libro de los intereses de los mercados, creando un hábitat más seguro y menos especulativo en aras de la defensa de la cultura y del interés general. Al menos, suena bien.

En España tuvimos la primera ley del precio fijo en 1975, aunque no fue hasta 2007 que se fijó la ley que actualmente está en vigor, la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, los libros y las bibliotecas.

De esta ley nos interesa especialmente el capítulo IV, donde se establece el régimen jurídico del libro. El artículo 9 es el que insta al editor a establecer un precio fijo, sin importar el lugar de venta y con la obligación de reflejar en el libro el precio de venta al público (P.V.P.). El punto 3 de este artículo es clave, pues señala que el P.V.P. fluctuará entre el 95% y el 100% del precio fijo. Este pequeño margen del 5% es lo que tiene el vendedor para jugar legalmente con el precio, y del mismo se aprovechan algunas plataformas para crear la ilusión de que sus precios son mucho más baratos que los demás competidores. Ha de quedar claro, por tanto, que los descuentos en los libros están restringidos por ley a un máximo del 5%.

Lo del descuento máximo del 5% tiene sus excepciones. Según el artículo 11, durante fechas y eventos señalados donde el libro es el protagonista, como el Día del Libro o las Ferias del Libro, se pueden hacer descuentos del 10%. Y si el que compra es una institución de carácter educativo, científico o cultural, podemos llegar al 15%. Pero de ahí ya no se puede pasar. Al menos legalmente.

Todo esto vale para los libros de circulación normal. Si hablamos de libros artísticos, de segunda mano o de libros de texto, el precio fijo pierde sus poderes ya que hay liberalización de precio.

La cadena de valor del libro

La ley dice que es el editor el que ha de establecer el precio de venta al público, pero ¿cómo lo hace?

El precio final de un libro está determinado por el rendimiento económico que ha de aportar a todos los actores que participan en el proceso de creación, edición, distribución y venta. El procedimiento habitual que utilizan las editoriales para establecer el P.V.P. de un libro es el escandallo editorial, que sondea el coste de publicación de un libro y a partir de ahí, establece un P.V.P. que resulte rentable para todas las partes involucradas en el proceso de comercialización. Los porcentajes de retribución varían según donde miremos, pero hay que tener en cuenta que editores, distribuidores y vendedores se comen casi toda la tarta (más del 90% del P.V.P.), mientras que el autor recibe una pequeña parte. La relación rentabilidad/coste, como ocurre siempre, es al final lo más importante.

En conclusión, conocer las leyes que regulan nuestro producto y los procedimientos a los que está sujeto el libro debe ayudarnos en nuestra labor de relación con el cliente, mejorando la prescripción y permitiéndonos contestar con solvencia a las dudas y preguntas que surgen en un mercado cada vez más diversificado y en continua transformación.

4 thoughts on “El precio de los libros: preguntas y respuestas que todos deberíamos saber”

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