Tao Te King

Siempre que he entrado en una librería grande, de esas con varias plantas, recovecos, pasillos, escaleras, altillos… me he encontrado como en casa. Como en una casa en la que sabes que hay escondido un tesoro. Decía Antoine de Saint-Exupery en El Principito que lo maravilloso del desierto es saber que hay agua debajo. Pues lo maravilloso de determinadas librerías, incluidas las virtuales, es saber que entre tantos libros hay algunos maravillosos.

Estoy convencido de que una de esas joyas que uno puede encontrarse revolviendo en los estantes es un libro que pasa desapercibido, un libro escondido. Es, sin duda, un libro humilde: no cuenta con tapas duras, no es voluminoso y su portada no llama especialmente la atención. Está siempre ahí, entre otros más voluminosos.

Conozco la anécdota de un maestro que recomendó a un alumno suyo leer una versión de Tao Te King pero no le dijo la editorial y tampoco al alumno se le ocurrió preguntarle. El alumno fue a una librería, eligió una de las muchas ediciones disponibles, la más bella, la mejor editada, la más lujosa. Le presentó satisfecho al maestro la edición de treintaitantos euros y el maestro le dijo sencillamente que no, que esa no era.

Volvió el alumno a la librería y eligió otra, esta vez menos bella pero igual de cara, más “científica”, llena de notas y aclaraciones sobre la traducción y sobre por qué le habían llamado Tao Teh Ching en vez de Tao Te King, étc. Fue con ella al maestro, como en los cuentos sufís, y el maestro le volvió a decir que no. De vuelta a la librería el alumno elige una edición normalita, de bolsillo, académica, pensando que tal vez solo se le intentaba decir que con una menos pretenciosa bastaba. Sin embargo, volvieron a decirle que tampoco se trataba de esa.

Así estuvo el alumno no uno, sino varios años, con una buena cantidad de dinero gastada y un montón de libros del Tao apilados en su librería que no servían para nada. Entraba en cada librería que se topaba y preguntaba qué ediciones del Tao tenían. Llegó a conocer muchas. Un día, rebuscando entre los estantes dio casi por casualidad, como si estuviera fuera de lugar, con una nueva. Era muy fina, casi escuchimizada, con letra tipo imprenta y aspecto fotocopiado. Casi un folleto, un pasquín. No era muy atractivo, pero como buen buscador, lo cogió. Para su sorpresa esta vez el maestro le dijo que había dado con la edición acertada.

Gracias a su constancia, este incansable buscador no solo se benefició él mismo con la localización y lectura de su tesoro, sino que de alguna forma ahora todos los que de una u otra manera hemos vivido esta búsqueda, sus amigos más cercanos, sabríamos qué edición coger: El Tao Te King de Luis Cárcamo, también conocido como el Tao Te King de 6 euros, y antes aún (antes incluso de que yo naciera) como el Tao Te King amarillo (hoy su portada es blanca, no os equivoquéis).

Su estilo y su concisión son magníficas, los matices de la traducción casi perfectos e iluminadores. No es una traducción a cargo de un traductor, ni una traducción científica realizada por encargo a un prestigioso especialista. Salta a la vista que se trata de la traducción o adaptación de un maestro por otro maestro. La introducción, de apenas ocho o diez páginas, sumamente sencilla, ya nos pone en guardia porque no se anda con sublimidades, ni nos transporta con minucioso detalle al mundo de Lao Tse. No, dice lo justo para entreabrirnos el umbral al Tao, seguramente “el más sabio de los libros venidos de Oriente, o “una sinfonía por momentos”. Esta edición de Luis Cárcamo se ha convertido en un clásico por derecho propio.

 

Imagen | ooh_food

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