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Primero fue «Un pequeño paso para el hombre«, calificada como una de las mejores operas primas de 2012 y ahora David Vicente Valentín vuelve con «El sonido de los sapos«, un conjunto de dieciocho relatos donde nos encontramos con la vida, la muerte y con dos aspectos que son comunes para todos los humanos: el sexo y los sentimientos.

Os dejamos una entrevista para que le podáis conocer mejor:

Su debut fue una novela, ahora un libro de relatos. ¿No es más común el camino a la inversa?

Puede ser. No lo sé. A veces se piensa que un escritor comienza escribiendo relatos, como una especie de entrenamiento, hasta que se siente preparado para dar el salto a la novela. Yo creo que son géneros completamente distintos y cada uno se desarrolla en un terreno de juego distinto, con una reglamentación distinta, si se me permite el símil. Es como si le preguntásemos a un jugador de fútbol sala que para cuando su salto al fútbol once.

 Su primera novela tuvo una buena acogida por parte de la crítica. ¿Qué tal respondió el público?

Pues creo que muy bien, la verdad. Las opiniones que me han ido trasmitiendo los lectores que han leído la novela, y con quienes he tenido oportunidad de hablar, han sido muy buenas en general. Así que, por ese lado, muy contento. Respecto a las cifras, tampoco me quejo. Sobre todo considerando que se trata de una publicación exclusivamente en digital (lo que reduce el espectro de compradores), que soy un autor novel y, por supuesto, la que está cayendo. No es momento para ponerse demasiado exigente.

 ¿Se siente más cómodo en las distancias largas (novela) o en las distancias cortas (relato)?

Como comentaba antes, se trata de terrenos de juego distintos cada uno con su propia normativa. La novela requiere una cierta voluntariedad mayor de la que puede requerir el relato a la hora de crear y desarrollar los personajes que conforman la trama. Tú mismo te impones “la condena” de estar atado a una misma trama y a unos mismos personajes durante una espacio relativamente largo de tiempo.

Sin embargo, el cuento te deja menos margen de error. Desde que escribes la primera palabra hasta el punto y final estás obligado a crear algo redondo, algo que, de uno u otro modo, sacuda al lector.

Particularmente me siento igual de cómodo, o incomodo, en las dos canchas. Digamos, sin querer ser demasiado pedante, que son las historias las que se sienten más cómodas en uno u otro lado.

En cualquier caso, no soy un escritor de distancias demasiado largas. Mis novelas, en cierto sentido, no dejan de ser una especie de relatos prolongados. Incluso en su propia estructura.

 Vuelve a publicar en Tagus (un sello exclusivamente digital). ¿Para cuándo el salto al papel? ¿No le apetecería?

Bueno eso no es algo que dependa de mí. Evidentemente, como cualquier escritor, quiero que mis libros lleguen al máximo número de lectores posibles. Es innegable que tendrán más oportunidades de hacerlo si se pueden encontrar en todo tipo de formatos y espacios. Pero mi trabajo solo es escribir, lo que pase después de eso se escapa a mi control.

En todo caso, estoy muy agradecido a Tagus por cómo me han tratado y por haberme dado la oportunidad de publicar tanto la anterior novela, Un pequeño paso para el hombre, como este nuevo libro, El sonido de los sapos. Creo la situación cada vez es más complicada y que alguien deposite su confianza en ti siempre es de agradecer. Lo que tenga que llegar, ya llegará.

¿Qué encontrará el lector dentro de El sonido de los sapos?

En primer lugar, un maravilloso prólogo de Care Santos, que ha tenido la amabilidad de escribir para este libro y que aprovecho para agradecerle una vez más. Después dieciocho relatos que tienen mucho de mí. No en el sentido autobiográfico, pero sí en el sentido de que reflejan muchas de mis obsesiones: el miedo a la rutina, el paso del tiempo, el desgaste en las relaciones, la volatilidad de los sentimientos, el alejamiento de tus sueños, en fin… Además, espero, mucha ironía y humor.

No da tregua a ninguno de sus personajes y parece que no les otorga ninguna posibilidad de redención. ¿De verdad lo ve todo tan negro?

 (Risas). ¿En serio lo cree? Es posible. Nunca me he molestado en psicoanalziarme. Pero siempre mantengo que, como buen pesimista, soy un gran optimista. A fin de cuentas, cuando das la derrota por segura, solo te queda confiar en la victoria. Sobre todo en las victorias pírricas, que al final son las únicas a las que uno puede aspirar.

Tanto en su primera novela como en la mayoría de estos relatos el sexo se encuentra muy presente, aunque muchas veces lo refleja de una manera muy dañina, o desde un punto de vista bastante irónico. ¿Es esa su visión del sexo?

Espero que no. (Risas). Narrativamente el sexo me resulta un buen refugio para camuflar o difuminar algunos sentimientos. Digamos que para no presentarlos de un modo tan crudo o tan derrotista.

El sexo suele funcionar como un potente foco de atención, máxime si se exhibe de un modo desvirtuado o exagerado, que desvía la mirada. Aunque luego debas intentar reconducirla, ya de un modo más suavizado, al verdadero cogollo de la historia.

Definiría este libro como una crisis de madurez. Como anticipa Care Santos en su prólogo, ¿se ha dado cuenta de que la vida iba en serio?

Pues la verdad es que no sé si me he dado cuenta de que la vida iba en serio o de que la vida carece de seriedad alguna. Yo no lo llamaría crisis. Pero sí, seguramente es el fruto de una mirada concreta en un momento concreto, que puede que no tuviese a los veinte y que seguramente tampoco tendré a los cincuenta o sesenta.

¿Diría que este libro es su consolidación como escritor, que demuestra que está aquí para quedarse? Como también escribe Care en su prólogo, ¿Ha dado usted un puñetazo en la mesa?

Bueno, Care es una persona muy generosa conmigo y por eso dice todas estas cosas por las que le reitero mi agradecimiento. Sinceramente no pienso en eso. Sigo siendo un autor absolutamente desconocido y no me planteo muchas más cosas que escribir. De momento no tengo ni siquiera garantizada la publicación de mi siguiente obra. Aunque, si puedo y los lectores me dejan, intentaré quedarme, claro.

Además no creo que hoy en día prácticamente ningún autor pueda hablar de algo parecido a estar consolidado. Lo que, por otro lado, no me parece algo negativo: de ser así, sería incluso contraproducente para la calidad de su propia obra.

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