Prohibido excavar en este pueblo ok

Resulta que me dio por escribir un libro. Cosa de locos en estos tiempos. O no. Yo que sé… pero me dio por ahí. ¿Sobre qué escribir? Estuve barajando mil opciones, mil puertas que tenía abiertas gracias a todo el trabajo que he ido desarrollando durante tres años en nuestro particular frente de batalla en internet, el colectivo cultural Pa lo que hemos quedao, con sede en Facebook.

¿La Atlántida? ¿Mis queridos herejes? ¿Una recopilación de curiosidades? ¿Una historia de la Filosofía a “my way”? También pensé en lanzarme al ruedo y escribir algo con un pomposo título. Algo así como Todo lo que usted quiso saber sobre la Iglesia de Roma y nunca se atrevió a preguntar. O marcarme algo de ficción en plan 50 sombras de Grey, que vende mucho y no está la cosa pa coherencias. Tenía hasta una idea: una historia de sexo, drogas y depravación protagonizada por un humorista cocainómano y mujeriego que cantaba canciones para niños allá por los años setenta y que se convirtió en asesino en serie por su mala cabeza. Descarté la idea. Y me sumí en un pozo de incertidumbre y desasosiego creativo.

Pero de pronto vi la luz.

Rennes-le-Château.

Una de mis obsesiones desde hace años. Desde aquel día no demasiado lejano en el que tuve el placer de conocer a Henry Lincoln —el autor, junto a Michael Baigent y Richard Leigh, de la magnífica obra El Enigma Sagrado (1982)— en aquel pequeño pueblo del Languedoc, tierra hereje de toda la vida. Aquel día, el señor este se negó a firmar mi ejemplar de su obra. Decía que ya no estaba de acuerdo con la tesis que proponía en ella —todo el rollo aquel sobre la Magdalena, el Nazareno y un supuesto linaje, fruto de su unión sexual, que se había mantenido en secreto durante dos mil años—.

Finalmente —creo que gracias a mi voluminosa corpulencia— le convencí. Y me firmó el libro. Aunque, curiosamente, tachó su nombre. Y de camino sembró la duda en mis adentros.

¿Por qué aquel señor renegaba de aquel libro? Con lo que me había gustado a mi aquella extraordinaria obra con la que, to sea dicho, no estaba muy de acuerdo…

Rennes-le-Château, en definitiva, sería el motivo de mi investigación y de mi libro. Tenía que adentrarme de verdad, concienzuda, metódica y obsesivamente. Como me gusta a mí. A mi manera.

Un año después tenía mi libro terminado. Prohibido excavar en este pueblo. Toma ya titulazo comercial.

Una revisión crítica y escéptica de todo el Mito que rodea a mi querido Bérenger Saunière, aquel curilla rural que se hizo rico de la noche a la mañana. Una revisión crítica y escéptica de un oscuro e interesantísimo tipo llamado Pierre Plantard… el creador del Priorato de Sion. Sí, aquella sociedad de la que hablada el bueno de Dan Brown en El Código da Vinci

“Ahora habrá que intentar publicarlo”

Y resulta que tras un par de intentonas, una amiga, Ro Soliño —gracias, siempre— me pasó un enlace de un concurso literario que organizaba una editorial llamada Ediciones Tagus, perteneciente a Casa del Libro. La cosita consistía en votar, a ser posible cada día, por el libro que mas gustase. Dos meses después, el que fuese el más votado, sería publicado digitalmente con estos chicos de Tagus…

Y como podíamos hacerlo, lo hicimos…

Ganamos.

Y ahora, dos meses después, tras acabar con las correcciones, recibir el prólogo de mi admirado Jesús Callejo —al que prometo estar eternamente agradecido por su apoyo— y terminar con la portada y la maquetación, “habemus” libro.

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