J.M. Da Neta

Es difícil hablar de la novela de uno sin desvelar el argumento, por eso, voy a hablar de las novelas de otros, que creo que tienen lo que yo he tratado de llevar a la mía. Obviamente, me sonrojo al citarlos, pues son maestros de la literatura y yo un simple lector y admirador de ellos.

A mi me gustan los escritores rusos del XIX, principalmente Tolstoi y Dostoievski. Me apasiona Ana Karenina, y como me dijo en su día Alfonso Sánchez Tabernero, “que envidia de aquellos que pueden leerla por primera vez, algo que nosotros ya nunca podremos hacer”. Y si hay una obra que es catalizadora de lo que hoy es Ni la belleza salvará el mundo es Crimen y Castigo de Dostoievski. Me gusta creer que en mis personajes hay algo de la fina pluma psicológica del maestro moscovita.

Me encanta Alejandro Dumas. Me gustan esas novelas de aventuras, donde se van sucediendo los acontecimientos, y los personajes están continuamente enfrentándose a nuevos retos. Donde se plantean continuamente intrigas y emociones. El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros. Me gusta que haya buenos, que haya malos, que los buenos no sean tan buenos, y los malos no sean tan malos… Me gustan esas novelas llenas de tramas y subtramas. Que las cosas sean lo que tiene que ser, aunque no lo parezca…

Y como dice Manuel Rivas, “feiticeiro, como pétalo nun libro de Emily Bronte”. (hechicero, como el pétalo en un libro de Emily Bronte). Me embelesa Cumbres Borrascosas. Me gustan esos personajes románticos, me gustan esas escenas llenas de ternura, me gustan esos suspiros al viento, ese afán por cambiar el mundo, que las cosas más sencillas se conviertan en terribles tormentas…

Eso es lo que me gustaría creer que tiene “Ni la belleza salvará el mundo”. Personajes muy trabajados, acción, movimiento (difícil no conseguirlo en una época tan apasionante como la de la revolución francesa) y una historia romántica en el sentido más literario del término. Espero que así también piensen los que la leen y que disfruten tanto de ella, como yo lo hago de Tolstoi, Dostoievski, Dumas y Bronte.

Imagen:  ecatoncheires

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