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Y es que no todo son mentiras en toda esta trama de Rennes-le-Château. Aun quedan misterios sin resolver, y aunque soy bastante escéptico y me cuesta creer en las “anomalías” ―término muy de moda en el mundillo para referirse a las “cosas raras”―,  habelas, hainas, como dirían los gallegos. Y una de ellas es la perturbadora afición que el protagonista de nuestra historia, el abad Saunière, aquel curita rural que de la noche a la mañana se hizo tremendamente rico, sentía por la simetría, algo que manifestó claramente en las diferentes construcciones que realizó tanto en la iglesia como en su finca… veamos algunos ejemplos de ello. Os gustará:

Hay algo sumamente curioso en la disposición de la plaza ajardinada que nos recibe en la entrada de la iglesia de Rennes-le-Château ―por si no lo saben, dedicada a Santa María Magdalena―: parece haber sido confeccionada para ser simétrica con la planta de la iglesia y para que algunos elementos coincidan perfectamente. Serían, para entendernos, dos plantas de la iglesia similares.

Así, el pilar carolingio invertido ―que anteriormente sujetaba el antiguo altar del templo y en el que, según el Mito, el curita encontró los famosos pergaminos― quedaría exactamente en el lugar del confesionario que hay a la entrada a la iglesia, a la izquierda, y se produce una curiosa asociación con la inscripción del pilar: “Penitencia, penitencia”. Por otro lado, el calvario está en el lugar correspondiente, con total exactitud, al altar. Ambos, altar y calvario, serían el centro de una circunferencia que en la iglesia correspondería con el ábside y en el jardín, con el seto que rodea el calvario. Y encajan perfectamente, como se puede comprobar en el plano.

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Pero además, hay una curiosidad muy significativa: la famosísima Losa de los Caballeros se encontró a los pies del altar, y aunque el lugar exacto se desconoce, siguiendo la simetría planteada por Saunière, es interesante mencionar que esa misma losa fue posteriormente colocada, con el relieve hacia arriba, en la escalinata del calvario, que, como hemos dicho, coincide con el altar… recordemos que esa Losa escondía el acceso, al parecer, a la cripta que habría debajo de la iglesia.

Pero no queda aquí la cosa. Saunière hizo varias construcciones más en su finca: aparte de los jardines que situó frente a la Villa Betania, construyó un parque repleto de árboles exóticos entre la Villa Betania y lo que se conoce como «el mirador». Este consiste en una terraza elevada que comienza en la Torre Magdala y que está formado por dos rectas unidas por un arco de circunferencia —en vez de una esquina de noventa grados—. Al otro extremo de la terraza hizo una curiosa construcción que, de nuevo, nos vuelve a mostrar el inquietante gusto por la simetría del abad: una torre de cristal, que sirvió de invernadero. Pues bien, desde esta se accede a una sala subterránea tras bajar una escalera de caracol, de nuevo con veintidós escalones. ¿Adónde vamos con esto? Pues que las dos torres, la Torre Magdala y el invernadero, son el positivo y el negativo de la misma torre.

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Pero la cosa aún va más lejos: ambas torres forman los extremos de dos lados exactamente iguales —el mirador—. Es decir, serían los dos vértices de un cuadrado perfecto. Si planteamos ese cuadrado sobre un plano, vemos que la superficie sería exactamente 64 veces el área de la Torre Magdala (marcada con un 1) y del invernadero (3). Como ustedes sabrán, el tablero del ajedrez tiene 64 casillas. Pues bien, la posición de las dos torres coincidiría con la de la torre negra de la izquierda (¿la torre Magdala?) y con la torre blanca de la derecha (¿el invernadero?). Algo realmente sorprendente y comprobable.

Claro que a Saunière le encantaban estas cosicas, como ya hemos visto al hablar del jardín situado enfrente de la iglesia, réplica exacta de la planta del templo, en la que hasta los monumentos coinciden. Además, en esta iglesia, justo en el punto al que dirigen sus miradas el demonio de la pila de agua bendita y el Nazareno bautizado por el Bautista, hay también un tablero de ajedrez perfecto.

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Por todo, no deja de ser curioso que el suelo de la Torre Magdala esté compuesto por 64 baldosas de cemento pintado. Otro ajedrez.

¿Qué significará todo esto?

Para eso tendrán que leer “Prohibido excavar en este pueblo”… a la venta aquí

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