la vida oculta ok

La historia es como un tren que avanza imparable en la oscuridad de la noche. Vemos las luces, pero no somos conscientes de su paso hasta que amenaza con arrollarnos.

Los medios informativos nos aturden con su ruido de imágenes, sonidos y palabras escritas en líneas desiguales. Ocurren muchas cosas en el mundo, y todos tratan de modelar nuestra opinión al respecto.

¿Somos conscientes del drama humano siempre presente en el continente africano, a causa de las continuas guerras alimentadas por el tráfico de armas y los intereses económicos de las naciones más ricas?

¿Qué sabemos de los intereses neocoloniales que, en Costa de Marfil,  llevaron a derrocar al presidente Gbagbo y a poner en su lugar a Alassane Ouatara con la ayuda militar de Francia y el beneplácito de los Estados Unidos y la Unión Europea?

Robert Bouaké, a quien todos llaman Mémé, el protagonista de “La vida oculta”, vive y medra en ese tramo de la historia de su país hasta que se ve obligado a huir en un barco carguero que hace escala en Barcelona. Se mezcla allí con otros inmigrantes que también han emprendido el camino del exilio en busca de un futuro menos azaroso. Las Ramblas y su peculiar entorno son el decorado en el que se moverá el protagonista a partir de entonces: putas de todos los países, argelinos y marroquíes dueños de pequeños negocios, senegaleses convertidos en estatuas vivientes, carteristas rumanos…Un muchacho negro al que le falta un brazo debe hacerse invisible mientras busca su camino.

El universo virtual le proporciona un medio de hacer dinero. Internet es un gran mar donde pescar incautos avariciosos con el gancho al que los medios policiales denominan “el timo nigeriano” en sus diversas versiones: la venta falsa de inmuebles, el timo de la huérfana millonaria, los depósitos bancarios inexistentes…

Con ayuda de personajes ficticios consigue llamar la atención de sus víctimas. Uno de ellos, su “alter ego” Jacques de Meral,  blanco, rubio y apuesto, aunque manco como él, se convierte en una herramienta imprescindible para el ´negocio`, que comparte con Rania, la “vidente de los ojos violeta”.

El destino jugará su baza. La carta del Tarot número 13 descubrirá un final con estruendo de explosiones, cristales rotos, hierros retorcidos donde la Muerte es la única que acaba ganando.

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