¿Qué hay de esos libros que tienen, precisamente, a seres confinados como protagonistas?

Después de veintiún días de confinamiento (en nuestra situación, la famosa teoría de los 21 días hace aguas, porque nadie se acostumbra a esto) nos han recomendado muchas lecturas para pasar este tiempo de cuarentena, cada uno según sus gustos e inclinaciones.  Hoy más que nunca es interesante e instructivo mirar a esos personajes que vivieron sus vidas literarias encerrados, ya fuera en una habitación, una isla o un manicomio.

Me gustaría empezar este singular recorrido por el autor francés Xavier de Maistre y su libro Viaje alrededor de mi habitación (1794). El autor lo escribió mientras permanecía durante seis semanas bajo arresto domiciliario. Y lejos de pasar ese confinamiento resentido y malhumorado, decidió escribir este libro donde nos narra, con el estilo de los libros de viajes de la época, su periplo diario alrededor de su cuarto, que no es sino un viaje por el mundo sin salir de casa. Importa el mensaje: el cuerpo está encerrado, la mente no, y con ella podemos viajar donde nos plazca.

Posiblemente uno de los confinados más célebres sea Gregorio Samsa, el protagonista de La metamorfosis (1915) de Franz Kafka. Es cierto que su enclaustramiento en la habitación de su casa estaba suscitado por motivos bien distintos, pero de alguna manera su cuarentena no la elige él, le viene impuesta por el simple hecho de ser diferente en una sociedad opresiva. Pocas veces hemos sentido esa soledad -física y mental- tan absolutamente como en este libro intemporal.

Otros confinados ilustres son los protagonistas del libro de José Saramago, Ensayo sobre la ceguera (1994). Se puede trazar más de un paralelismo entre esta obra y nuestra realidad más actual. De repente aparece una desconocida enfermedad que deja a todo el mundo ciego; el Estado interviene y encierra a los primeros grupos de contagiados en un manicomio, sin contacto con el exterior, a partir de lo cual deviene una tragedia inconmensurable. Vale, el libro es una metáfora sobre nuestra sociedad, pero madre mía. Imprescindible.

Muchas veces el confinamiento no acontece en una casa o en un edificio, sino en una isla. Todas las historias de náufragos son historias de confinados. Podríamos elegir mil, desde García Márquez a William Golding, pero nos limitaremos a señalar el clásico de Daniel Defoe, Robinson Crusoe (1719), más que nada porque estar durante veintiocho años en una remota isla desierta repleta de caníbales (menuda contradicción) tiene su mérito. Eso no es un período, sino una vida de cuarentena.

Y terminamos con la confinada más famosa de todas: Anna Frank. La archiconocida niña alemana de ascendencia judía permaneció encerrada con su familia durante dos años (1942-1944), en un pequeño escondite en un bloque de apartamentos ocultándose de los nazis. Al final los cogieron, pero su historia de resistencia, Diario de Anna Frank, es paradigmática para muchos.

Estos son solo algunos ejemplos de lo que podríamos llamar literatura de personajes confinados. La lista se puede hacer mucho más extensa, por lo que te invitamos a que dejes tu propuesta en los comentarios. Pero lo importante, lo que conviene recordar, es que todos ellos salieron adelante. Como saldremos nosotros. Eso sí, esperemos que no convertidos en bichos raros, como Gregorio Samsa.

 

Domingo Saura Zorilla.

One thought on “Literatura de personajes confinados”

  1. Que interesante, realizar un paralelismo entre las novelas literarias escritas en confinamiento por grande autores y la realidad que vive nuestro planeta, las ciudades y los pueblos, muy especialmente los niños y estudiantes adolescentes quienes entendieron la situación real que representa este CORONAVIRUS 19 apoderado de las calles, colegios, mercados etc , espacios que costó construir al hombre para nuestra satisfacción y ahora ABANDONADOS.

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