Ni la belleza salvará el mundo ok

Desde luego, los días en los que vivimos se parecen mucho más de lo que pueda parecer a los tiempos de la revolución francesa. En ambos casos el punto de partida es el mismo: un régimen anquilosado al servicio de unos pocos; Y el despertador también es el mismo: de repente el pueblo llano empieza a pasarlo mal.

Sí, porque la única causa del estallido de la revolución francesa, y de la caída de muchos siglos de modelo de sociedad es el hambre. Unas cuantas malas cosechas consiguieron que de repente, los que nunca se habían preocupado por el modelo de estado y de sociedad se volviesen hacia Rousseau, los enciclopedistas, Montesquieu… Y quizá eso mismo esté pasando ahora. Los que nunca hemos puesto en tela de juicio la democracia parlamentaria partitocrática, de repente, también empezamos a pasarlo mal. Y las cabezas siempre se giran hacia el mismo lado, el gobierno y el estado. Y es curioso que al mirar hacia el estado ahora y hace poco más de doscientos años encuentran lo mismo: una deuda pública desbocada. Sí, en 1789, la deuda pública del estado francés era inabarcable. Sí, también entonces existían prestamistas internacionales que de repente se dijeron… “estos no nos van a pagar”… Y el estado francés en 1789, igual que ahora, se dijo… Subamos los impuestos… Y a una sociedad que lo pasa mal, de repente se lo hacen pasar aún peor.

Nosotros, el pueblo, somos gente sufrida… y en el fondo, generosos y solidarios… yo creo que así eran también los franceses del siglo XVIII… y seguro que se dijeron… habrá que hacer un esfuerzo… Pero hete aquí, que ese esfuerzo se manchaba cada día con noticias que hablaban de despilfarro y corrupción en la corte… Mientras el pueblo ya casi no tenía que dar de comer a sus niños; en Versalles continuaban los grandes bailes, los movimientos continuos de carrozas oficiales… allí no había crisis…

Los primeros movimientos sociales contra el régimen son principalmente de la alta burguesía. Y no son revolucionarios, son reformistas. No se busca el cambio de régimen sino adaptarlo a los nuevos tiempos… pero los privilegiados del régimen, la corte, la iglesia, los burócratas… no supieron ver que era preferible perder un poco a acabar por perderlo todo.

La verdadera revolución, dos-tres años después de la toma de la bastilla, ya no es controlable por la alta burguesía y es una revolución dominada por los sans culottes, (con todos mis respetos, algo así como el 15-M). Y es sangrienta y terrorífica…

Quizá estemos ya en esos años, en los que los reformistas no se atreven a reformar, y los sans culottes modernos (podríamos llamarlos sin corbata, por hacer un paralelismo que los una) estén tomando posiciones.

Ni la belleza salvará el mundo es una novela de intriga política, de aventuras, de amor… pero es sobre todo el reflejo de lo que puede llegar a hacer el pueblo -que como dice ese himno portugués que es Grandola Vila Morena- es quien más ordena. Seguro que esta novela además de hacerles pasar un buen rato, les valdrá para ver cómo fueron las cosas, y como pueden llegar a ser.

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